Todo empezó con unas ganas inmensas de conocer el Hotel Aire de Bardenas. Lo había visto en una revista y su arquitectura y su integración en el paisaje me habían cautivado.
En medio de un campo de trigo, justo al comienzo del Parque Natural de las Bardenas Reales de Navarra y al lado de Tudela, el hotel, ganador de numerosos premios, nace del sueño de dos hermanas que han encargado a Emiliano López y Mónica Rivera Arquitectos el proyecto. El hotel está totalmente integrado en el entorno, camuflado con cajas de madera de frutas y verduras y sus módulos bajos configurados de modo a dar la espalda al cierzo, el viento de noroeste.
Lo que no sabía es que el entorno me seduciría igualmente. El inhóspito desierto de Bardenas Reales es un paisaje alucinante: parece un escenario de películas, como el oeste americano, y lo fue de hecho; y, recientemente, de la última temporada de Juego de Tronos. Reserva de la biosfera, se pueden hacer muchos trayectos trazados para conocerlo: en coche, en buggy, caballo, bicicleta o caminando, trayectos que te permiten explorar los fantásticos escenarios y curiosas formaciones resultado de la erosión de sus suelos de arcillas, yesos y areniscas. Las más bonitas, las Bardenas Blancas.
Por su propia condición fue tierra de bandoleros…para sentirse como uno, otra opción para alojamiento por la zona es quedarse una cueva, como las de Bardeneras.
Nadie diría que, al lado de una zona tan fértil como Tudela, habría este desierto digno de western.
Y al lado del desierto, el paraíso. Tudela, paraíso de la verdura, archiconocida por sus espárragos y cogollos (de Tudela). Si te gusta verdura como a mí, aquí estás en el paraíso.
Para pinchos la Catedral, Bar José Luis o el Bar Isidro. Para comer el Mesón Julián, Irrruña o Remigio. Y para darse un homenaje en la cena el restaurante del mismo hotel o Trinquete, que cuentan con unos menús de verdura inolvidables.
¿Cuándo ir? Todos los meses, evitando verano. Si vais en primavera pues probablemente pillareis ferias de verduras.
Verdura en el estomago, arenisca en el horizonte. Desierto en tierra fértil. Así son las Bardenas Reales.


