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Venecia: una ciudad en el agua

«Algunos sostienen que la palabra Venetia significa Veni Etiam, o sea, vuelve otra vez, y otra vez, porque por muchas veces que vengas, siempre verás nuevas cosas, y nuevas bellezas.» (Jacopo D’Antonio Sansovino)
Es verdad. Yo me di cuenta que estoy condenada a venir cada 10 años. Y cada vez que he vuelto, me emociono. Me dejo llevar por las labirínticas callejuelas, pasando puentes de piedra, madera, acero y cristal (como la firmada por Santiago Calatrava), me quedo abrumada por cada ventana, por cada palacete, por cada detalle inclinado, lánguido, debido al lento hundimiento de la ciudad, por cada rincón melancólico que descubres o redescubres. «Un realista, en Venecia, se convertiría en un romántico por simple fidelidad a lo que veía ante él.» (Artur Symons). Es realmente verdad. El patchwork de edificios de estilo véneto-bizantino – del cual es paradigma la Basílica de San Marcos, similar a la Santa Sofía de Estambul -, de estilo gótico veneciano – representado por el Palacio Ducal -, de estilos renacentista, barroco y neoclásico confieren un aire de cuento de hadas a Venecia, la «ciudad de los canales», la «Serenísima», la «Reina del Adriático», la «Ciudad de la Laguna».
Su centro histórico es patrimonio de la Humanidad por la Unesco.  La ciudad está construida sobre 118 islas (solo al Puente de Rialto está construido sobre 12 mil estacas), comunicadas por 446 puentes -o 455 si contamos con las de Murano y Burano. Con sus 150 canales es una ciudad peatonal, y el único transporte meramente posible es fluvial, con sus vaporettos, góndolas y barcos taxis.

   
  

De esta vez he vuelto motivada por mi hermana que nos regaló a toda la familia un vuelo a Venecia. Hemos aprovechado para celebrar su cumple, y además Carnaval, así que tocó ver la ciudad bajo otra perspectiva y con una sorprendente y colorida afluencia de gente, aunque gente hay siempre en Venecia: 260.000 son residentes, los demás serían turistas.

   

   

El Carnaval de Venecia empezó en el siglo XIII: los nobles se disfrazaban para salir a la calle y mezclarse con el pueblo. Su máximo esplendor fue el siglo XVIII, aristócratas de toda Europa acudían a él. Prohibido por Napoleón por miedo a que encerrasen conspirsciones, volvió a brillar en 1979 convirtiéndose en uno de los más conocidos del mundo. Proliferan las máscaras por todos los lados, la gente disfrazada a rigor tanto local como turistas. Pero sospecho que la verdaderas fiestas se cuecen en privado, en las fiestas  ocultas y exclusivas en los sendos palacetes de la ciudad.

No nos vestimos a rigor ni fuimos a ninguna de estas fiestas pero nos dedicamos a apreciar la atmósfera festiva en la calle y a callejear y a revisitar el Gran Canal en vaporetto, Plaza de San Marcos, Palacio Ducal y Puente de los Suspiros, el Puente de Rialto, el mítico Caffe Florian. Y a probar nuevos gastro places, thanks to mi hermana, MissPipa. 

Para comer en San Marco escapando del caos hemos ido a la cafetería-restaurante de la Bienal de Venecia, L’ombra del Leone. Al lado de la plaza San Marco, pero  escondido en el palacio de la Bienal, con terraza y vistas al Gran Canal. 

 

 

Podéis dar una escapada al Museo Guggenheim, cerquita, la colección de Peggy Guggenheim, una de las más importantes de Europa de arte europeo y americano de la primera mitad del siglo XX.

Allora, recomendamos para el aperitivo uno de los tres La Patatina,  Ai rusteghi en San Marco y la Bottiglia en San Polo.

 

Después del prosecco o de Spritz, y para cenar la Osteria Zucca en Santa Croce,  

 

la Osteria Rioba en Cannaregio, la Osteria Trefanti en Santa Croce y la Osteria alle Testiere entre San Marco y Rialto, que infelizmente no pudimos probar porque estaba reservadisimo pero tiene muy buena pinta.

Hay gente que hace la excursión de un día a las islas de Murano y Burano.

Nosotros hemos optado por quedarnos a dormir en Murano en el hotel Lagare, una antigua fábrica de vidrios artesanales convertido en hotel.

 

Debido a ser una industria pujante en Venecia, pero no exenta de peligrosidad por el uso del fuego, se ha transferido a esta isla que se ha nombrado «fábrica flotante». La «fábrica flotante» sigue en activo, y se pueden visitar las fábricas y ver en directo su proceso de producción artesanal mediante el soplado.

 

Un otro viaje de vaporetto y nos acercamos a Burano, un idílico arco iris arquitectónico. Dice la leyenda que los pescadores pintaban sus casas de colores diferentes para poder llegar hasta ellas en los días de niebla.

  
De vuelta a Venecia, observo la gente con trajes del pasado, y pienso que todavía me quedó mucho por explorar.

Volveré otra vez. Lo sé. Veni Etiam.

   

Wine road trip. La Rioja.

Sales del coche y lo notas al momento: olor a infancia, a mi infancia, a ese tiempo en que el otoño olía a uva en fermentación en casa de mi abuelo, un olor que empapaba el aire y emborrachaba los sentidos. Es un olor amargo pero a mí me parece dulce. Me retrotrae a ese tiempo en que los fines de semana y vacaciones eran pasados en la finca de mis abuelos maternos, y la finca era tu pequeño reino, la casa en árbol era tu castillo, el estanque tu colosal bañera. Te caía, de vez en cuando, una granada en la cabeza. Los naranjos, almendros y ciruelos tus guardias y los viñedos tus labirínticos jardines donde te tocaba buscar a Minotauro – a mis primas. Ese tiempo, esos otoños, me olían a lo que ahora percibo. Olor a la bodega de mi abuelo. Olor a vino. Olor a fermentación. Olor a emoción.

No me sorprende que haya sido un dios hijo de Zeus y de una mortal, y creado por ninfas, que haya descubierto el arte de extraer el zumo de la uva.

Lo cierto es que mi infancia no fue aquí sino en el Algarve. Mi abuelo producía vino para consumo casero y de uva cultivada en otros suelos y sujetas a altas temperaturas: es decir, nada que ver con el vino que aquí encuentro.

Nos fuimos a probarlo a La Rioja, una zona com denominación de origen, cuna de 400 bodegas y donde se producen más de 250 millones de litros al año.

Empezamos en Haro, la primera ciudad de España en tener luz eléctrica y la primera ciudad no capital de provincia en tener una sede del Banco de España. La explicación reside en el Barrio de la Estación. El vino estuvo desde siempre presente en la región de La Rioja pero no fue hasta la segunda mitad del siglo XIX cuando los viñedos franceses han sufrido plagas – primero el mildeu y luego la famosa filoxera – y los frances han mandado compradores a varias regiones de España, y lógicamente, por cercanía, a La Rioja. Por este motivo, se inauguró la estación de ferrocarril que puso en comunicación Haro con el puerto bilbaíno. Así se desarrolló el Barrio de la Estación donde se fundan bodegas, muchas de ellas míticas como CVNE o Muga. Todas ellas disponen de posibilidad de visita, de realización catas, de comida, de visita a los viñedos e incluso de visita en globo a los mismos. Conviene reservar, eso sí.  

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En CVNE hemos incluso bajado al «cementerio», donde almacenan, en sótanos de moho de penicilina, ejemplares de cada cosecha desde tiempos inmemoriales. La mayoría no es apta para ser degustada pero es un lujo para enólogos ya que permite un estudio profundizado de la evolución de los viñedos. De hecho, en La Rioja hay viñedos prefiloxéricos, es decir, viñedos que han sobrevivido a este peste. Obviamente, el vino – y su precio – es diferente.   

Después de una mañana «bodeguera», se puede IMG_0088subir  a Haro, y comer en Terete, restaurante fundado en 1877, y especializado en cordero lechal en horno de leña, menestra de verduras y, como no, vino.

Por la tarde, uno se puede acercar a Bríones al Museo de la cultura del vino.

La noche la pasamos en el cercano pueblo de San Vicente de Sonsierra, en el excepcional Hotel Villa Sonsierra.  En el centro del pueblo, excelente relación calidad-precio, habitaciones confortable y decoración dedicada al mundo del vino, servicio personalizado y un desayuno riquísimo. Otra opción es la Casona del Boticario.

Estando el Pueblo se aconseja el aperitivo en el Winebar Tercera Estación y cena en el maravilloso restaurante Casa Toni.

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Después de visita obligatoria a bodegas de la vieja guardia, es interesante visitar una mas junior. Al día siguiente nos diríamos a al bonito y amurallado pueblo de La Guardia, en La Rioja Alavesa, donde se ubican la Bodega Ysios creada en 2001 y perteneciente al grupo Pernaud Ricard y la única bodega del mundo construida por Santiago Calatrava.

    

   
Para comer, se puede quedar en La Guardia para dar un paseo y visitar una de las innumerables bodegas que hay soterradas en el subsuelo del pueblo. Cada casa poder una bodega por debajo aunque no tiene porque ser necesariamente proporcional al tamaño de la casa. Se desconoce el origen exacto de estos «calados» pero una versión dice que estas cuevas remontan al siglo XVI y otra que estas galerías clandestinas fueran creadas mucho antes por motivos defensivos. 

Si se quiere quedar en La Guardia se puede ir de tapeo por el pueblo o comer en  Amelibia. O coger el coche y en 15-30 minutos y te plantas en dos restaurantes muy apetecible se: el restaurante Alameda en Fuenmayor o en la Finca de los Arandinos en Entrena – el primer proyecto de turismo enológico de  La Rioja que integra hotel, bodega, restaurante y spa – y pruebas el restaurante Tierra, decorado por David Delfín. Ambos prometen, dicen los que saben. Nosotros nos quedamos a descansar en Villabuena de Alava en el Hotel Viura. Un boutique hotel diseñado por Designhouses en el 2010, ecofriendly, con tratamientos Wellness y actividades varias, un buen restaurante y vinoteca. Un reducto de paz. Un hotel para descansar y para disfrutar desde luego.    

    
 La Rioja apetece. Y apetecía quedar mas y probar más bodegas pero todo lo que es bueno acaba así que en último día tocó acercarse a otro referente arquitectónico de La Rioja, a las bodegas Marqués de Riscal en El Ciego. Pero la verdad es y que quien se acerque a estas bodegas para ver el edificio construido por Frank Gehry no lo verá ya que ese es el hotel y no el edificio de las bodegas. Quien quiera ver el archiconocido edificio deberá pedir una reserva para visitar el día de Caudalie o uno de los dos resultarles que hay dentro, el restaurante Marqués de Riscal o el Bistró 1860. O, obviamente, quedarse alojado en el hotel.    

 Podríamos haber optado por la alternativa gastronómica pero decidimos bajar a Ezcaray, pasando por Cenicero (tierra del Marqués de Cáceres), Uruñuela y San Domingo dela Calzada. Sí, bajas a La Rioja Baja en un recorrido entre viñedos – y luego entre montañas – de 50 minutos, pero ahí te encuentras con la grata sorpresa del acojedor pueblo de Ezcaray y el hotel gastrónomico El Portal de Echaurren, de la mano del chef Francis Paniego, el primer restaurante de La Rioja en lograr una estrella Michellin y ya con la segunda al pecho. Su cocina respeta los platos tradicionales de ls región y los ingredientes locales pero los reinventa, aplicándoles nuevas y sorprendentes texturas y todo un nuevo «Pantone» de sabores. El espacio gastrónomico es minimal, casi de una austeridad nórdica, y el servicio excelente.   

Cuando olía este mismo olor en la finca de mi abuelo no se hablaba todavía de «enoturismo». No conocía tampoco el sabor de este néctar. Pero el olor, en ese entonces, era el mismo. Cierro los ojos y, mientras vuelvo a Madrid, huelo a mi infancia.

HamburGrrrr

Segunda ciudad de Alemania, la ciudad portuaria más importante de Alemania, llamada por sus habitantes la «puerta de entrada al mundo», el sitio donde los Beatles se han catapultado a la fama, el mayor parque-cementerio del mundo, ciudad con más canales que Ámsterdam y Venecia y más puentes que Londres, Venecia y Amsterdam juntos. Sí, juntos. Al ser ciudad portuaria es la ciudad no capital con más consulados del mundo. Y la mayor parte de los multimillonarios de Alemania vive aquí, en concreto alrededor del lago Alster.

Lo único que me quedó pendiente aclarar es si el el hamburguer  – o la hamburguesa en castellano – es de ahí. No podía dejar de esbozar una sonrisa cada vez que un viandante me contestaba «Yes, I’m hamburger» o al ver placas con la palabra: «Hamburger Cityhall», «Hamburger» esto o aquello. En realidad nadie sabe el origen de dicho plato, pero no es descabellado decir que puede provenir de Hamburgo.  En el mítico Hotel Atlantic Kempinski, un auténtico castillo blanco a las orillas del Alster fundado en 1909, se alojaban los emigrantes de toda Europa con poder adquisitivo que decidían poner rumbo al Nuevo Continente. No sería de extrañar que de ahí saliese en barco la génesis del la hamburguesa, rumbo a los Estados Unidos.


Metrópolis  de estética pos-industrial, portadora de una nobleza Hanseática, exsuda poderío adquisitivo, como se puede comprobar al dar un paseo en barco en la zona alta del Alster.


 Ciudad comercial, mercantil, consumista, como se puede ver por el perfil de las tiendas alrededor de la Rathaus (ayuntamiento). Ahí se puede comer en el Atelier F,  restaurante bistro con vista al canal

o en Die Bank, brasserie y bistro dentro de la antigua sede de un banco.


Por la zona se puede hacer compras en toda la zona comercial plagada de galerías comerciales detrás de Jungferstieg, la zona peatonal donde están ubicados los míticos almacenes Alsterhaus, donde iban las chicas en el siglo XIX a pasear y donde la gente toma el sol en verano y coge el barco para ir a dar un paseo por el lago y el invierno se monta mercado navideño. De Jungfernstieg se puede seguir a Mönckebergstrasse, en la dirección de la estación.  También al lado de la estación está ubicado St.Georg, el barrio gay. La calle Lange Reihe, con sus tiendas creativas, es el punto neurálgico del barrio.


Imprescindible un tour por el puerto, la Hafen City, y por el histórico distrito del puerto, con sus almacenes y sus calles de adoquines, el Speicherstadt. ¿Dónde comer? En el barrio portugués. pues claro.  Vistas al puerto te da el 20up Skyline bar, en la vigésima planta del EmpireRiverside hotel.

También imprescindibles, el Mercado de pescado y el «Mercado del pecado», el Reeperbahn, el sin City de Hamburgo con sus peculiares sex shops e incuestionable nightlife.

 Justo detrás está el barrio St.Pauli conocido por su equipo de fútbol pero también por el ambiente reivindicativo que siempre le pautó.

 
Para shopping cool en la zona del Altona, de antaño perteneciente a Dinamarca, tenemos Schanzenviertel/ Sternschanze con sus cafés funky y tiendas alternativas.


Y la zona más cool, Ottensen, donde recomendo gastro, Goldene Gans.

y…hum,

hum,

hum… a disfrutar Hamburgo.

Costa Vicentina: al oeste de Al Gharb (el lejano oeste)

Parque natural. Sí, porque hay mucha naturaleza, pero, a mi entender, debería de ser parque natural porque todo fluye de manera natural. De manera fuerte, salvaje, genuina. La Costa Vicentina, que se extiende de Odeceixe a Burgau, está integrada en el Parque Natural del Suroeste Alentejano y Costa Vicentina. La Costa Vicentina es la parte que corresponde al Algarve, sucesión de pueblos con encanto parados en el tiempo, paisajes poéticos y agrestes, sucesión de playas únicas de difícil acceso y propicias para el surf que traen a este rincón de Europa a gente variopinta que busca las olas, la tradición, la buena gastronomía, la dulzura de la sencillez, la tranquilidad y la sensación de libertad y el ritmo relajado llevado a la enésima potencia, o todo junto.

Uno se puede perder en esta zona de ensueño durante el tiempo que quiera pero si se planea una escapada de un par de días aquí os dejo mis #joTips para disfrutar a tope de la zona.

Yo empezaría por Aljezur, un pueblo al norte de dicha costa, interior, pero a 10 minutos del mar. Es un pueblo sencillo, con un castillo y poco más que ver, pero es céntrico para ir a explorar las playas cercanas.  Exactamente por su ubicación y porque los forasteros lo usan con esta finalidad, el pueblo se vacía de día y se vuelve a animar al final de la tarde. 

Para cenar el Gulli Bistrot es una buena opción. Está a la entrada sur del pueblo, en el sitio de Santa Susana. En este bistrot de desenfadada decoración de look marítimo se puede degustar tanto deliciosos platos italianos como platos lusitanos gourmet como el 1000 hojas de bacalao.  

 Para copa, en el centro del pueblo, el bar Pont’apé (que también tiene restaurante). Está al lado del río, y es una buena opción para bailar, con un ambiente alternativo, buena música y buenos cocktails.  Para dormir el Amazigh, un Hostel de diseño en el centro del pueblo, que encima ofrece packs de actividades para disfrutar de la zona como clases de surf (el Hostel fue creado en el 2009 por dos amigos que les encantaba el surf).

De aquí se puede ir a conocer tanto las playas hacia norte, Praia de Monte Clérigo y Praia da Amoreira, como las que están en frente como la mítica Arrifana, con su forma de concha y sus singulares acantilados.

 En la playa por excelencia del surf y del buen rollismo por excelencia, se puede picar sano en el HelloSailor o, más abajo, cerca de la playa, «petiscos» -tapas- en el Restaurante da Praia con sus vistas espectaculares sobre la playa de Arrifana.

Más abajo se reconvenida acercarse a la playa de Bordeira-Carrapateira y su interminable arenal.

 Para comer sano y orgánico recomiendo L-Colesterol que también es Bed&Breakfast.

 Seguimos bajando y es visita obligatoria el proyecto de la Aldeia de Pedralva. Llegó a tener 100 habitantes y en 2006, cuando los promotores del proyecto han puesto manos a la obra para darle vida, después de un proceso de años de desertificación, el pueblo tenía apenas 9 habitantes y 50 casas en estado de abandono. El mentor del proyecto dejo el mundo de la publicidad, se mudó de Lisboa a Pedralva, anduvo buscando por el mundo a los propietarios/herederos de las casas y fue reconstruyendo paulatinamente el pueblo. Ahora es un pueblo entero reconstruido fiel a la arquitectura local, dedicado al ecoturismo. Alojamiento chic y rústico a la par, rodeado de tranquilidad, donde se encuentra plan de mar y sierra dependiendo de lo que se busque.

   Ahí se puede comer en la pizzería Pizza Pazza (que abrió incluso antes del proyecto de reconstrucción del pueblo) o en el restaurante típico Sitio da Pedralva que sirve platos regionales. 

Para probar manjares locales, era visita obligatoria el Café Correia en Vila do Bispo, toda una institución que no quiero que caiga en el olvido, un poco antes de Sagres, que infelizmente cerró puertas en verano de 2019 por jubilacion después de medio siglo en activo. Pasaba incluso desapercibido desde fuera ya que aparentaba ser una tasca modesta, decoración de los sesenta. Calderetas y percebes, excelente calidad y tirado de precio.

 Regentado por padre -en cocina- y madre e hijo en sala, se trataba de una tasca de pueblo sin pretensiones, igual a tantas otras, pero la comida… Ai la comida…os hacía parar en el tiempo e incluso olvidar el ritmo pausado del servicio. Aquí queda mi homenaje, con nostalgia. Como buenas alternativas, tenéis, también el Vila do Bispo, la Tasca do Careca o el Solar del Percebe.

Y llegamos a Sagres, el punto más occidental del Al Gharb. 


El design hotel Memmo Baleeira es una de las mejores opciones relación calidad-precio.  

 Para comer en el pueblo, sugiero el  Restaurante Carlos, cocina portuguesa y decoración cuidada.

 En la conocida como «calle de los bares» encontraréis el archiconocido bar Dromedario, uno de los más antiguos, Pau de Pita y Mum’s.  Cerca de Sagres podéis visitar dos playas en el sur de la Costa Vicentina: la Playa de Martinhal con su bahía, y la Playa de Zavial, en la desembocadura de un río, extenso arenal y preciosa para tomar algo al final del día.

Subiendo por la costa y pasando por Aljezur, seguimos camino para Odeceixe, el último pueblo antes de entrar en Alentejo. De hecho, es precioso el encuadramento de su playa es justo la desembocadura del río Seixe, al sur Odeceixe (Algarve) y al otro lado ya Alentejo.

La desembocadura del río es usada como playa fluvial para nños y kayaks por sus aguas tranquilas y bajas. En la playa, «surf rules». Muchos chiringuitos, entre los cuales el precioso Bar da Praia

Si os quedáis a dormir ahí en la zona, en las Casas do Moinho por ejemplo, podéis cenar en Altinho o en el interesante proyecto del chef Hugo Nascimento, Naperon.

Y si queréis quedaros más tiempo y explorar más… you can go/With the flow…y pasaros el río y subir a explorar a Alentejo.

El gusto moderno: Art Déco en París 1910-1935

La «deco»ración por encima de la funcionalidad. Esa era una de la premisas clave de esta corriente artística que se desarrolló entreguerras y que fue desarrollada en París y fomentada en Hollywood como atestigua obras como el libro de Fitzgerald, El Gran Gatsby. 

La exposición El gusto moderno: Art Déco en París 1910-1935 (en la Fundación Juan March hasta el 28 de junio. Entrada gratuita) hace un recorrido desde sus comienzos (1908 a 1912) hasta su punto álgido (1925, año de la Exposición Internacional de Artes Decorativas, a 1935) abordando las diferentes áreas que abarcó el Art Deco: arquitectura, pintura, diseño de muebles, diseño textil o el diseño gráfico (la encuadernación fue una de los ámbitos donde brilló: esta época fue particularmente excepcional en lo que toca a patrones). 

El art deco es una amalgama de géneros en realidad: bebe de su antecesor Art Nouveau, pero evolucionado: sí le es característico en abundancia un estilo clásico y simétrico patente en el Cubismo. Véase esta arquitectura austera, los vestidos rectilíneos y con patrones geométricos de las flappers o la bisutería y los frascos de perfume como el del Chanel N.5…Cubo, esferas, Zigzags a tutiplén, la representación del hombre y de mujer urbanos y liberados, la exaltación de la modernidad y de la velocidad a través la máquina o a través de la representación de animales veloces. O a través del ritmo frenético del charlestón o del jazz. No fuese suficiente, todavía mezcla elementos tribales al igual que oníricos e exóticos. El Art Deco no representaba otra cosa que la sociedad misma de la época: una sociedad de contrastes, discrepancias, variedad, de desenfreno, de éxito y de decadencia.

«I was within and without, simultaneously enchanted and repelled by the inexhaustible way of life.» (Gatsby)  

  

Chema Madoz y sus Reglas del Juego Semántico 

No me voy a poner con rodeos: Chema Madoz es mi fotógrafo contemporáneo español favorito, y uno de mis fotógrafos favoritos sin más. 

  
¿El porqué?  La semántica de sus obras. Chema Madoz coge y mezcla ingeniosamente objetos del cotidiano y cambia su significado. Construye una nueva realidad. Cambia las reglas del juego. Sus obras están plagadas de metáforas y metonimias y obligan al espectador – después del inicial impacto disruptivo de la sorpresa y de la no comprensión, y después de la inevitable sonrisa ante los elementos inesperados en la fotografía – a leer la obra, a entender la idea presente en la fotografía. Quizás por eso el fotógrafo no titula sus obras: porque sus fotografías, sencillas, depuradas, unas líricas otras filosóficas, son conceptos que cada uno de nosotros tiene que escuchar, que entender, que sentir.  Porque ni todo es lo que parece, sus fotografías son trampantojos para el intelecto. 

 
La Comunidad de Madrid brindanos en el Espacio Alcalá 31 en la exposición Chema Madoz 2008-2014 – Las Reglas del Juego con una retrospectiva de sus últimos seis años.

Entrada gratuita. Hasta el 2 de agosto.

A de Alemania, B de Baviera, C de Cerveza

Juegos Olímpicos del 72, el «dirndl» (ese vestido típico de Baviera y de Austria con un corpiño de vértigo), der Blaue Reinter (El jinete azul), Oktoberfest, Siemens, BMW, surf fluvial en el canal, reducto de «Gemütlichkeit» (un mix de cordialidad y tranquilidad) y cuna de Carl Orff, Franz Marc, Strauss y del oscarizado Michael Haneke. Tierra de monjes, «Ze den Múnichen» – que le dan el nombre – convertida en metrópoli cosmopolita, la tercera mayor ciudad de Alemania, por detrás de Berlín y Hamburgo.

la foto 14 He who drinks beer sleeps well. He who sleeps well cannot sin. He who does not sin goes to heaven. Amen. (monje alemán anónimo)

La ciudad es un templo de la cerveza, con sus innumerables cervezas – Paulaner, Löwenbräu, Augustiner, Höfbrau -, sus incontables biergarten y con sus más de mil cervecerías como por ejemplo la mítica Hofbräuhaus, donde Hitler hizo en 1920 su primer discurso (de hecho la ciudad fue bombardeada por ser considerada la cuna del régimen nazi pero la han reconstruido como de antaño).

En el centro de la ciudad, Schumann’s Camparino para un aperitivo, Haxnbauer para probar el mejor codillo de la ciudad según se dice, o Schuhbeck’s, premiado con Estrella Michelin. O entonces comer en el Viktualienmarkt, un mercado para tomar productos típicos de Baviera, ideal para degustar las iguarias bávaras.

Pero el barrio que más me gustó fue Gärtnerplatzviertel, al sur de la ciudad vieja, conocida como el barrio gay. Liberal y alternativo, más vibrante que el de Schwabing, el barrio de los artistas y de la bohemia en el siglo XIX. En Gärtnerplatzviertel hay tiendas, cafés y bares molones por todo el barrio. Para tomar el aperitivo está la vinoteca Wine bar Vintage Selection, para una cena diferente el singular Master’s Home, donde se puede comer el la cama de la habitación o en la bañera del baño. Para copa…. el bohemio y «Berlin-like» Maroto, todo un hallazgo genuinamente trendy con buena música, y unos cocktails increíbles todos ellos con un toque luso, a base de destilados portugueses (Oporto, Moscatel de Setúbal, aguardientes, etc).

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la foto 18Otra cosa: imprescindible alquilar bicicleta. Es la forma más práctica para moverse por la ciudad e ir a contemplar los surfistas en el canal del Englischer Garten, disfrutar del parque y sus biergarten, o para acercarse a la zona olímpica y aprovechar para visitar el Museo BMW o subir a la Olimpia Turm, donde se puede tomar un sunset drink o cenar (importante reservar). O para ir a la zona de los museos. En el barrio de los museos recomiendo Pinakothek der Moderne (arte de los siglos XX y XXI, considerado uno de los mejores museos del mundo de arte moderno) o Lenbachhaus, que alberga una famosa colección del grupo expresionista El jinete azul.

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Gastromicue: cocina al domicilio

Pero ojo: no «a tu» domicilio, sino «en su» domicilio», en el domicilio de Micue. Con la calidad y cuidado que en un restaurante, con la privacidad y descontracción de tu hogar.

Cocina con santo y seña»: así define Micue su casa situada en el Madrid de los Austrias. Para encontrar y acceder a su casa hay que buscar el signo, el «santo y seña», que nos indica él cuando llegue el momento. Por delante de dicha casa pasan a diario ejércitos de turistas munidos de guías y cámaras de fotos, nos dice. Y, al llegar, uno se da cuenta del porqué: la casa es una de las pocas «casas a la malicia» o «casas con trampa» que todavía se conservan en Madrid. Estas residencias son fruto de un delito inmobiliario provocado por la «Ley del Aposento» la cual obligaba a todo el vecino de Madrid a ceder mitad de la superficie útil de su casa a funcionarios de la Corte Real. Cuando en el siglo XVI Felipe II da esta ordenanza la gente empieza a hacer verdaderos «malabares arquitectónicos» creando plantas y espacios que no se percibían desde fuera. Es una de las pocas de estas laberínticas casas en Madrid.
Gastrohome Micue está en una de ellas. Y en ella Micue hace «malabares gastronómicos», cocina de mercado – literalmente, ya que va a pillar los ingredientes al Mercado de la Cebada. La ubicación es sorpresa para el comensal al igual que el menu (4 platos y bebida por menos de 40 euros). No defrauda, ni tampoco el anfitrión, Micue. Chef (pasó por las cocinas de Arzak, del Hotel Santo Mauro, de la Embajada española en Madrid y su propio restaurante), músico (toca en contrabajo y la guitarra), hombre ecléctico allá donde los haya.

Acabamos la noche tomando copas en el salón, contándonos historias, entrelazando risas y sonrisas.

Con Micue. Con amigos. Sin Malicia.

¿Por qué no te callas y escuchas?

Sofar Sounds trae la música en vivo a tu salón. Bueno, a tu salón si has ofrecido tu casa para el evento. Si no, disfrutarás en casa de alguien que, como tú, disfruta de la música y quiere apoyar iniciativas como esta y que por eso ha ofrecido su salón para una doble finalidad: promocionar a grupos emergentes que quieren enseñar lo que hacen y a su vez dar la oportunidad a gente que le gusta la música en directo, de escucharla. Sin teléfono, atentos, en acústico. Privados, en un salón de una casa, donde tú estás en lista y llevas bebidas para tomar y compartir mientras escuchas a las bandas que actúan a lo largo de dos horas. Por la tarde, temprano, para no molestar a nadie.
Estos conciertos íntimos y secretos surgieron en 2009 en un piso del norte de Londres, cuando dos amigos, desilusionados con el estado actual de la música, decidieron empezar a invitar a grupos amigos a tocar en su casa unos temas. Hoy en día ya se extendido a más de 100 ciudades. So far.

El rostro del Rastro

Todos conocemos el «marché aux puces», el mercadillo por excelencia en Madrid, el Rastro. ¿Pero quien sabe de donde viene el nombre «Rastro»? Con 400 años de historia, este mercado dominical al aire libre tiene sus orígenes en el siglo XV cuando se han instalado en la zona «ropavejeros», vendedores de ropa vieja y usada. A finales de siglo se instalaron curtidurías y mataderos (ha estado en esta ubicación hasta 1928 antes de trasladarse a Legazpi) y de ahí viene el nombre: del rastro que dejaba el sangre de los animales. A lo largo de los siglos el Rastro sufrió muchas mutaciones y adiciones de sectores hasta convertirse en lo que es hoy. Pero siempre fue un punto de encuentro. Y ya no hay rastro de sangre pero la gente va a husmear artilugios singulares de todos los tipos, o a rastrear cromos, muebles, pillas, juguetes o algo que no sabe exactamente donde encontrar y ahí sabe que sí encontrará y, de paso, se «rastrea» amigos y se toma el aperitivo.