Cuando uno se entera de que Síndrome de Stendhal – esa especie de enfermedad psicosomática, de sensaciones extremas ocasionadas por la contemplación de demasiada belleza concentrada – se originó aquí, lo entiende todo. A Stendhal le palpitaba el corazón al salir de la Basilica di Santa Croce per en realidad no se denominó como tal en el siglo XIX sino en 1979 por una psiquiatra, Graziella Magherini.
Florencia es una ciudad que realmente tiene la capacidad de dejarte boquiabierto, por el patrimonio artístico y arquitectónico, especialmente medieval y renascentista. La ciudad despliega harmonía, delicadeza, perfección, no siendo de extrañar que su centro histórico haya sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1982.
Artistas de la talla de Rafael, Leonardo da Vinci, Giotto, Vasari, Miguel Ángel, Botticelli, Brunelleschi, Dante, Boccaccio, Maquiavelo, dinastías como los Médici, marcas de moda como Gucci, Ferragamo, Pucci o Cavalli, cocktails como el Negroni o el Bellini, son originarios de la República de Florencia.
Il Ponte Vecchio, il Duomo, la Galería de los Uffizi, Palazzo Vecchio en la Plaza de la Signoria, la Galería de la Academia, la Basilica di Santa Croce, la Basilica de Santa Maria Novella, el Mercado Central y el Palazzo Pitti son los puntos imperdibles de recorrer en una escapada de fin de semana. Y todo es factible hacer caminando.

El Ponte Vecchio, sobre el río Arno, es el puente más antiguo y conocido de Italia. Se dice que antes las tiendas del puente era ocupadas por carniceros pero los Médici tenían que pasar todos los días desde el Palazzo Pitti (en el lado sur del río) hacía el Palazzo Vecchio, así que ha usado su poder para cambiar el tipo de negocio a uno menos oloroso: el de los orfebres, dándoles exención de tasas e impuestos. Hoy en día, las tiendas del puente sigue siendo joyerías, algunas de las cuales ocupadas ya por marcas archiconocidas y no italianas, como Cartier, pero conservando la estética de antaño. A título de curiosidad: se cree que la expresión «bancarrota» se originó en este puente. Cuando un vendedor no podía pagar sus deudas, su mesa o puesto para la venta, era rota por los soldados, de ahí la expresión banco+rotto. Y si no disponía ya de una mesa el comerciante ya no podía vender sus mercancías.

Otra curiosidad sobre este idílico puente, donde muchos enamorados se van a pedir la mano, es que también enamoró a Hitler. Sí, a Hitler. Durante la Segunda Guerra Mundial, Hitler ordenó ex-profeso que este puente no fuese distruido.

El Duomo, forrado a mármol de Carrara (blanco), de Prato (verde) y de Siena (rojo), con su campanario de Giotto y su baptisterio con las famosas puertas del Paraíso de Ghiberti (las originales están en la realidad en el museo del Duomo), presenta la sorprendente cúpula de Bruneschelli, inspirada en Panteón de Roma, del siglo II. Bruneschelli ganó el concurso por ser el más económico (que luego resultó no serlo….) y no sin dificultad lo hizo el arquitecto en pleno siglo XVI. Fue la primera cúpula octogonal de doble emparedado que se construyó sin necesidad de instalar andamios. Como diría Maquiavelo, «el medio justifica los medios», así que subir los 463 escalones hasta la linterna de la Cúpula es una experiencia única. Lo que sí es importante es llevarlo reservado de antemano, porque una vez ahi el cupo puede estar «Sold Out»… mejor prevenir que lamentar. Las entradas se pueden reservar aquí en el site del Museo del Duomo. La entrada a la catedral es gratuito, y la subida al campanario de Giotto no es tan solicitada como a la cúpula.

Galería Uffizi: otro sitio que no se puede de dejar de ir con entrada pre-comprada. Al comprar por internet también te aseguras evitar al menos una cola (la cola para comprar que puede tardar 2 horas, al menos en los Uffizi, algo que justifica los 4 euros de más). Se compra en el site de los Museos de Florencia, al igual que la entrada para la Galería de la Academia. Es realmente fascinante la colección de arte de esta pinoteca con 50 salas organizadas cronologicamente, del siglo XIII al XVIII, lo que permite apreciar las innovaciones artísticas a lo largo de los siglos. Obras como la Madonna de Giotto, el doble retrato de Piero della Francesca, El Nacimiento de Venus o La Primavera de Botticelli, varias de Tiziano y de Caravaggio… recorrer sus salas es experiencia estética única para cualquier mortal.

Justo al lado se encuentra la Piazza della Signoria (la plaza mayor) con su elegante Palazzo Vecchio, la sed del poder civil de la República Florentina en el siglo XV.



En la plaza también se encuentra en el Palazzo della Mercanzia, la tienda y museo de Gucci Garden, que cuenta con un restaurante asesorado por Massimo Bottura de la Osteria Francescana, con tres estrellas Michellin y que salió recientemente en la serie Master of None porque el chef se lo pidió expresamente.

Solo por David, vale la pena la visita a la Galería de la Academia. Es realmente impresionante. Había estado hace 15 años y no me acordaba de las dimensiones de la escultura de Miguel Ángel: 5,17 metros de altura y 5572 kilos de márbol blanco de Carrara. Colossal.
Pero no solo de cultura vive el hombre. Y menos en la Toscana, con una de las gastronomías más apreciadas de Italia. En Florencia uno no puede dejar de ir al Mercado Central, de la autoría de Mengoni, el mismo arquitecto del Mercado de San Ambrogio (donde recomiendo ir para sentir un pulso más local) o de las Galerías Vittorio Emmanuelle de Milán.

En el Mercado Central se puede comprar cualquier producto autóctono que se quiera llevar (tomate secos, quesos y embutidos, aceites, setas y trufa blanca o negra, los vinos toscanos Chianti, Brunello di Montalcino o Montepulciano) y se puede probar manjares de tripa a la florentina o bocadillos de cerdo, por ejemplo en Da Nerbone, una verdadera institución.

También hay que probar en Florencia la bistecca alla fiorentina y platos con jabalí (cinghiale). Justo al lado de mercado también se puede comer en la muy concurrida Trattoria Mario. Solo abre de 12h00 a 15h30 y es por orden de llegada, así que hay que apuntarse y esperar. Hay una curiosa mezcla entre gentes locales y extranjeros. Para el café nos podemos acercar a la más internacional La Ménagère, concept-store con café y restaurante muy cool, o en Ditta Artigianale.

Si se prefiere un sítio más clásico hay que acercarse en algun momento a Caffè Gilli, o a la pastelería Robliglio, perfecta para desayunar un buen cappuccino y un cornetto (croissant).
Barrio voy, barrio vengo
Como he comentado, todo se hace caminando. Es como menos se tarda. La zona de la Plaza de la República, con la sofisticada y cara Via Tornabuoni y la calle Via della Vigna Nova, que alberga tiendas interesantes. En la zona de Oltrarno (al sur del Arno) alberga comercio más tradicional.
Facciamo l’aperitivo?
Aunque originario del norte de Italia, se extendió a todo el país en los 80, siendo a día de hoy parte de la cultura popular italiana. El aperitivo es toda una institución antes de la cena (aunque a veces llegas ya cenado a la cena..).
No se puede dejar de ir a tomar el aperitivo al clásico Harry’s Bar, justo en frente al río. Envueltos en una fascinante estética de años 50, ahí se preparan unos Bellini y unos Negroni de muerte (receta creada en los años 20 cerca, en el Caffè Giacosa, cerrado en el verano de 2017. Propriedad de Cavalli, no sabemos que va a hacer con él).

Un par de alternativas menos posh por no menos cool: justo al lado de Duomo, vete a tomar el aperitivo a la Fiaschetteria Nuvoli, una tasca tradicional regentada por chicos jóvenes donde probar ricos quesos, embutidos y piscolabis toscanos (y si hay hueco quédate en la calle para disfrutar del desfile de los que hacen la passegiatta vespertina) o a la Vineria Sonora, una antigua lechería reconvertida en tasca especializadas en vinos, que también abre hasta tarde como bar.





En el barrio de Oltrarno puedes acercarte al museo librería café Volume (ojo, a tomar un vino o cerveza, no recomendables los cocktails del todo, un punto a mejorar en este bonito sitio de decoración vintage en la plaza del Santo Spirito)

o al Santino, un acogedor tapas bar toscano en un antiguo almacén de vinos. Es de los mismos dueños del restaurante Il Santo Bevitore, un sitio donde puedes probar una impecable cocina toscano con un toque creativo y un servicio inmejorable.

Cerca, me quedé con las ganas de probar el restaurante Gurdulù o el Zeb Gastronomia recomendado por nuestro amigo Saúl, pero un finde da para lo que da y esa noche nos apetecía algo más tradicional y fuimos a la Osteria del Cinghiale Bianco.
Así tocará volver, y aprovecharé también para llamar y acercarme a este intrigante y prometedor speakeasy en esta zona, Rasputin…

Al norte del Arno, comimos en la vinoteca Coquinarius, cerca del Duomo, y cenamos en el fascinante Teatro del Sale. He de decir que es un sitio particular…un lugar al cual se puede pertenecer un día, o toda la vida. Fabio Picchi, chef del restaurante Cibrèo, y su mujer Maria Cassi, han abierto esta asociación cultural, que todas las noches ofrece un concierto, una actuación cultural o circense, un recital… un espacio dedicado al arte y a los artistas italianos que respeta un mismo ritual: hay que hacerse socio previamente (en el caso de un turismo se inscribe como tal en la web, pagando una cuota reducida de 7 euros para acceder el día de la reserva al espacio) y hacer la reserva. La cena es buffet, contando con unos cocineros muy peculiares que te anuncian lo platos desde la cocina y un fauna de asistentes no menos peculiares… muy muy diversa…
después de la cena, llega la actuación; nos tocó el interesante proyecto Tarantesys, que recupera canciones típicas del sur de Italia y de Grecia) y a las 22h30 tutto è finito.
Es un buen momento para acercarse a tomar algo al altamente recomendable Bitter Bar, otro speakeasy que tienes que tocar al timbre para entrar. El íntimo ambiente, la decoración vintage de los años 20 y los cocktails impresionantes de la mano del bartender Cristian Guitti, dan ganas de quedarse ahí toda la noche.

Otros locales interesantes en la zona son el Manifattura Tabacchi y el Locale, dentro del un palacio que perteneció a los Médici.
Para acabar la noche el curioso Jazz Club Firenze, otra especie de speakeasy, que ni te enteras que está en esa calle si no es por la aglomeración de gente que espera silenciosa y pacientemente su vez para bajar. Sitio ecléctico, con gente de diferentes estilos, diferentes edades, diferentes estilos de música (no solo jazz), pero siempre en directo..hemos asistido ahí a un inesperado concierto de blues impresionante. También aquí, si no eres socio, pagas una tasa simbólica (para el año) al llegar, con consumición incluida.
Porque no todo va a ser comer, beber y fiesta, os dejo algunos consejos más para que no os extrañéis si os pasa. Por ejemplo, si coges el taxi en el aeropuerto tiene tarifa fijo para el trayecto aeropuerto-centro que es de 22 euros más 1 euro por pieza de bagaje. Sin embargo, para la vuelta, para que sea esa misma tarifa tienes que ir a pillarlo a una parada de taxi (no se pueden parar en la calle levantando la mano como aquí en Madrid). Si llamas para reservar y que te recojan con llamar 10 minutos antes es suficiente, pero ojo: la tarifa ya no es fija sino que es como una carrera normal. Dependiendo de en que parte del centro estés, puede salir el mismo precio o 5-10 euros a más (en este caso no te cobran ya el euro por pieza de bagaje). Otra cosa: puede ser que tu hotel o Airbnb te pida aparte una tasa de estancia («sogiorno») de 3 euros por persona al día. Para que uno no crea que luego un hijo de Dante engaña a uno de Cervantes. Por cierto, para que no te insulte un hijo de Dante, abstenerse por favor de pedir un cappuccino después de la hora del desayuno: es sacrilegio, ningún italiano lo hace. No no no.
No sé si estaba pensando en Florencia Jovanotti cuando compuso su hit L’ombelico del Mondo, pero Florencia es realmente una ciudad que te altera sinestésicamente. Una escapada deliciosa para saborear, para oler, para alimentar el alma. Te hace volare los sentidos, te deja realmente sin reacción, como una bambola. Solo te quedas pensando, ¿cuando volveré?…quando quando quando…

