«-¿Cuál ha sido el mejor de sus viajes?- me preguntan a menudo los jóvenes periodistas.
-El mejor de los viajes es el próximo – les contesto.

No tenía ni idea de que, leyendo esto en el libro «La Aventura de Viajar» de Javier Reverte mientras viajaba rumbo a Japón, esto iba a ser verdad.
He tardado en acabar y publicar esta entrada. Mientras tanto, he recomendado los sitios, restaurantes, bares, etc presentes en ella a mucha gente que se fue a Japón mientras tanto. Cada vez que lo hacía me entraba una envidia sana y suspiraba con ganas de volver a ir. Cerraba los ojos y volvía a sentir ese buen sabor de boca que me dejó este viaje.
Como en un embarazo de jirafa, superado el tercer mes, se logra asumirlo sin miedo. No hay peligro de aborto ni cambio de ideas o sentimientos. Un año después ya no hay dudas, el bebé ya está del todo formado y listo para nacer así que se lo digo convicta: Japón fue el viaje más impactante que hice.
Dicen que en Roma hay que ser romano. Consejo: en Japón, sé nipón. Haz lo que hacen los locales: relájate en un onsen (baño termal natural); alójate en un ryokan (posada tradicional japonesa) donde dormirás con quimonos y en futons.

Duerme en un hotel cápsula y vete a la aventura en búsqueda de un hotel del amor; prueba la cocina kaiseki (alta cocina originaria de Kyoto); vete a un rolling sushi; suelta la melena – y las cuerdas vocales – en un karaoke; piérdete en un depachika, las abrumadoras secciones alimentarias de los grandes almacenes; visita templos y, si posible, quédate a dormir en uno; vete al mercado de pescado en Tokio a primera hora de la mañana y asiste al supersónico ritual de la subasta del atún; asiste a un histriónico espectáculo de kabuki; presencia la milenaria ceremonia del té; si tienes ocasión y recursos económicos de ver una competición de sumo, adelante, si no siempre las tienes en televisión; disfruta del desenfreno de los matsuri (festivales) casi todos en verano, o de los hanamis (fiestas para contemplar los cerezos en flor) si vas en primavera. Déjate llevar. Y vas a flipar con lo que el país y su gente tiene para ofrecer. Organización, atención al detalle, protocolo, limpieza, seguridad, armonía, pero, a la par, tolerancia y respeto por la diferencia. Creo que en ningún otro sitio del mundo me sentí tan segura y respetada – cada un haz lo que le dicta su conciencia y no censura la conducta del prójimo, algo inusual en el ser humano.
Descálzate al entrar en cualquier sitio que tenga tatami (suelo de esterilla): sea hotel, restaurante o templo.

Lávate antes de entrar en un recinto religioso. No te desesperes con las cartas de los restaurantes en japonés – pidas lo pidas seguramente estará bueno.

No tengas problemas en sorber la comida con caldo: es un cumplido para el chef. Tampoco te extrañe que «te atienda» una máquina expendedora» en vez de una persona.
No te extrañe que cada restaurante solo tenga una especialidad: detallista como es, el japonés tiende a la especialización así que en un sitio de noodles solo encontrarás noodles y en uno de sushi solo sushi, y por ahí en adelante.
Qué no cunda el pánico cuando llegues al baño y te encuentres con esto, mandos con veinte botones con leyendas en japonés.

No dejes propina – nadie lo hace. Fumar, solo en espacios cerrados. Sé silencioso, respeta las normas – no te dirán nada, pero verás que eres el único en cruzar con el semáforo en rojo. Asiente con la cabeza cuando te hablen: significa que estás prestando atención a lo que dice el interlocutor. No te extrañe que se pongan nerviosos o se escaqueen si intentas preguntarles por una dirección en la calle – se ponen nerviosos por no poder ayudarte, o porque no saben donde es o porque no saben explicártelo en inglés (no es mala educación, es vergüenza y/o auto-exigencia). Anda siempre con dinero en metálico, porque, como comprobarás, en la mayoría de los sitios no podrás pagar con tarjeta. Lo que sea que entregues en mano (dinero o tarjeta en una tienda) hazlo siempre con las dos manos.
Sí, parece que os estoy agobiando pero pronto veréis, al llegar ahí, que no hay motivos para agobio. Primero se extraña, esa coexistencia de bullicio versus serenidad, tradición y modernidad, extravagancia y elegancia, timidez versus descaro, geishas versus lolitas, neons frente a minimalismo… Japón es un reducto de contradicciones, pero un caos ordenado. Primero se extraña. Luego, se entraña. Y traes Japón de vuelta en el corazón.
Antes de ir, eso sí, compra el voucher del Japan Rail Pass ya que no lo puedes comprar ahí, solo en el extranjero. Ahí, solo lo canjeas (aparte de los trenes rápidos inter-ciudades, te sirve también por ejemplo para moverte por Tokio en cercanías). La app que va a ser tu mejor amiga con los horarios se llama Hyperdia. Otro consejo útil: todas las estaciones tienen consignas: muchas, baratas y que funcionan así que si en vuestro periplo os apetece de improviso bajar del tren y conocer aquella ciudad que justo está en el camino entre dos puntos de vuestro itinerario, ya sabéis. Otro consejo muy útil, que solo lo doy porque lo experimenté en primera mano: los japoneses tienen compañías de envío muy eficaces y rápidas. ¿No te apetece ir cargado con las maletas de Tokio a Kioto porque quieres parar por el camino o simplemente no te apetece andar con la maleta a cuestas? No la cargues. Por aproximadamente 10 euros (el coste va en función del peso) te entregan la maleta, sana y salva, en la dirección postal que indiques. Coméntaselo en el hotel y te ayudarán. Esto es… calidad de vida (para ti y para tu espalda).
TOKIO
Empezamos nuestra ruta por Tokio.
Ciudad de hormigón y neón, 13 millones de habitantes, la ciudad con más estrellas Michelin del mundo, el mercado de pescado más grande del mundo, Tokio es una ciudad donde todo es impacto y novedad.
Al oeste de la ciudad
Uno de los barrios a visitar inevitablemente yo recomendaría Shinjuku, al oeste de la ciudad, el centro energético de la cuidad donde encuentras
la estación con más tránsito de Tokio (más de 2 millones al día). Su buena conexión y localización le convierte en un sitio muy conveniente para quedarse. En Shinjuku es imperdible una visita a Kabuki-Cho, el distrito de entretenimiento de Tokio por excelencia, plagado de bares, «izakayas» (tabernas japonesas), clubes nocturnos, karaokes, etc. Es también conocido como el barrio rojo.
También en Shinjuku encontramos el Golden Gai, en mi punto de vista un «must go» – lo que a priori puede parecer una favela, se revela una de las manzanas más interesantes de Tokio. Hasta 1958 zona de prostitución, y a partir de ahí de bares, este barrio de casas térreas se ha reconvertido en zona de pequeñas casas de comida, bares de jazz, R&B, blues, flamenco. Sus dueños tienen fama de ser gente con criterio y la zona es frecuentado por artistas, músicos, actores. Supuestamente casi todos son clubes – independientemente de ser bar o casa de comidas – y por eso hay que pagar un extra para entrar. Simbólico, sería lo equivalente al cubierto en un restaurante. Están abiertos prácticamente toda la noche.


Para comer, iros por favor a la casa de comidas que está al lado del Baltimore Jazz. No me acuerdo del nombre, es un local exiguo pero es de verdad un sitio memorable: barato, extremadamente limpio y especializado en tepanniaki (platos cocinados en una placa de acero). De lo más rico. Y para copa, el Baltimore Jazz (el japonés es un enamorado del jazz) es una buena opción – ahí acabamos escuchando fados y blues y hablando sobre Pessoa con japoneses a las 3 de mañana… Dejaros llevar en este rincón de Tokio.
¿Y luego porqué no afinar la voz y ir a un karaoke en Kabuki-cho? Por un precio bastante económico, tienes un salón privado donde puedes cantar y desafinar tanto cuanto te apetezca.
Abajo de Shinjuku está Harajuku, el barrio por excelencia de la cultura urbana. El eje principal es la calle Takeshita, repleta de tiendas de moda, cosméticos, cafeterías. Esta zona es el meeting point de los jóvenes, en concreto de la tribu cosplay, que se visten y maquillan como sus personajes de manga favoritos.

A no perder la zona de la Cat Street, con tiendas chulas de diseño o segunda mano (si sobra el tiempo y os apetece este perfil de shopping una visita al barrio de Shimokitazawa no está mal).
Pegado a Harajuku está Omotesando. La calle principal tiene tiendas de multinacionales pero también espacio multimarca que marcan tendencia como La Foret. Colinda con Ayoama que es el barrio por excelencia de las marcas de lujo cuyos edificios son, uno tras otro, de la mano de grandes nombres de la arquitectura (Dior Boutique by SANAA, Prada Boutique by Herzog & de Meuron, TODS Building by Toyo Ito, HH Style y Omotesando Hills by Tadao Ando, …). Un despliegue arquitectónico abrumador, la verdad. También por la zona, el Santuario de Meiji Jingū merece una visita ya que es considerado el templo shintō más espléndido de Japón.
¿Quién no se acuerda del famoso cruce de Lost in Translation? Pues está en Shibuya, también en la parte oeste de la ciudad. Subir a Starbucks y quedarse mirando como milagrosamente nadie choca contra nadie al cruzar es un auténtico espectáculo. El meeting point de Shibuya es la estatua de Hachiko, un perro que acompañaba a su dueño a la estación cuando iba a trabajar; cuando el dueño murió el perro siguió yendo religiosamente a la estación a esperar el dueño. Shibuya es el paraíso de las compras y conocida por Dogenzaka, su colina de los hoteles del amor… un sitio peculiar. Las parejitas de enamorados acuden a estos hoteles por horas para pasar un tiempito a solas. Hay varias gamas, pero en todos las habitaciones son temáticas: a los japoneses les gusta el juego.


A este de la ciudad
Ginza
Ginza es la zona más cara y exclusiva de la ciudad, es considerada la 5ª Avenida de Tokio. Aquí se ubican grandes almacenes japoneses como Mitsukoshi, Takashimaya, Matsuya y varios»depachika» (como el del sótano del Mitsukoshi). También en esta zona el teatro Kabuki-za. El kabuki es el teatro tradicional japonés de la época Edo, con personajes estereotipados, atrezzos cargados, y narrados eventos históricos o intensos romances. Las obras tienen varios actos (suelen durar horas) pero se puede asistir a un solo acto de 45 minutos. Es bastante económico. El único inconveniente: hay que tragarse cola y…no vale guardar el sitio en la cola a nadie. Quien está está, quien no está…al final de la fila.
En Ginza está la famosa Lonja de Tsukuji, el mercado de pescado más grande de mundo, donde realizan las subastas de los mejores atunes de mundo. Si quieres vivir la experiencia (gratis) y no te importa madrugar acercate a verla. Eso sí, toca estar ahí a las 2 y media de la mañana para hacer cola ya que, aunque empieza s las 5.00, tiene aforo limitado. Luego toca ir a desayunar sushi a Daiwa Sushi por ejemplo y explorar el mercado.



Asakusa
Visita el templo Sensō-Ji y recoge las calles en un coche tradicional.

Akihabara: la ciudad electrónica
Akihabara o Akiba es el principal barrio de la electrónica y está plagado de tiendas de anime, manga y artículos eróticos.
Una experiencia a vivir en este barrio es ir un «maid cafe», un en los que te sirven y charlan contigo niñas vestidas de sirvientas como @homecafe. Una experiencia surrealista.
Si sobra tiempo en Tokyo puedes ir al Museo Edo o el Museo Nacional de Tokio o hacer un excursión al Monte Fuji o al santuario Nikko, o darte una homenaje en el Jiro, de Ginza – el de padre – o en el de Roppongi Roppongi Hills, del hijo. Una buena opción para lograr reservar, al igual que reservar varias actividades como lograr un guía para explicarte la subasta del atún o asistir a una ceremonia del té es hacerlo a través de la web Voyagin, especialista en experiencias en Asia.
KIOTO
Kioto es la antigua capital de Japón. Es el sitio ideal para disfrutar del Japón más tradicional y por ende para probar un alojamiento tradicional, los «ryokan» y la cocina «kaiseki» (alta cocina) y experimentar la ceremonia del té. A nosotros nos tocó asistir al Festival Gion Matsuri (17 julio): un espectáculo alucinante de desenfreno. En Kioto, en el barrio de Gion, un bairro de casas simétricas de maderas, te rozarás con geyshas. Son tímidas, se escurren por las esquinas para evitar fotografías. Te hace retroceder en el tiempo. Si vas en primavera y otoño pillas la danza de las Geyshas. Se puede comer en compañía de una, pero no lo hicimos.
Sí vivimos la experiencia de una ceremonia de té, en TeaHouse en Gion – nosotros lo coordinamos a través de Voyagin.

Consejo: para probar cocina Kaiseki imprescindible ir a comer en Giro Giro. Relación calidad-precio insuperable: despliegue de platos digno de estrella Michelin por un precio increíblemente asequible. Llamad a reservar. Ojo: no aceptan tarjeta.
Aparte de Gion, en Kioto te toca visitar Ponto-chō. Es básicamente una larga calle a lo largo del río donde puedes tomar algo en el delicioso bar Hello Dolly, con estética años 20, música jazz y una variedad de destilados impresionante.
Arashiyama
En Arashiyama, el mítico bosque de bambúes a 20 minutos del centro de Kyoto, no dejéis de ir al restaurante Otsuka si queréis probar diferentes tipos y cortes de carne japonesa. Os aconsejo que reservéis porque no es grande y es espectacular y muy solicitado.
Posibles excursiones desde Kyoto:
•Nara, el mayor Buda y la cuna de la cultura japonesa [a 30 minutos]
•Himeji, el castillo más majestuoso.
•Osaka, la metrópoli moderna japonesa por antonomasia [a 30 minutos]
•Hiroshima y Miyajima, recuerdo de una tragedia y la isla monasterio [a 1 hora]
• Koyasan, la montaña sagrada de Japón
El monte Koya es reducto de un conjunto de monasterios budistas. En algunos de ellos te puedes alojar (los puedes encontrar por Booking). Es una experiencia única: aprende caligrafia con ellos, experimentar su desayuno y cena vegetarianos, madrugar para vivir con ellos la oración de la mañana…No dejar de ir al cementerio, el cementerio en que todos los japoneses les gustaría reposar.


