Enoturismo, Food, Gastro, Joplaces, Jotips, jotrips, La Rioja, Lifestyle, Sin categoría, travel, viajar, Viajes
Deja un comentario

Wine road trip. La Rioja.

Sales del coche y lo notas al momento: olor a infancia, a mi infancia, a ese tiempo en que el otoño olía a uva en fermentación en casa de mi abuelo, un olor que empapaba el aire y emborrachaba los sentidos. Es un olor amargo pero a mí me parece dulce. Me retrotrae a ese tiempo en que los fines de semana y vacaciones eran pasados en la finca de mis abuelos maternos, y la finca era tu pequeño reino, la casa en árbol era tu castillo, el estanque tu colosal bañera. Te caía, de vez en cuando, una granada en la cabeza. Los naranjos, almendros y ciruelos tus guardias y los viñedos tus labirínticos jardines donde te tocaba buscar a Minotauro – a mis primas. Ese tiempo, esos otoños, me olían a lo que ahora percibo. Olor a la bodega de mi abuelo. Olor a vino. Olor a fermentación. Olor a emoción.

No me sorprende que haya sido un dios hijo de Zeus y de una mortal, y creado por ninfas, que haya descubierto el arte de extraer el zumo de la uva.

Lo cierto es que mi infancia no fue aquí sino en el Algarve. Mi abuelo producía vino para consumo casero y de uva cultivada en otros suelos y sujetas a altas temperaturas: es decir, nada que ver con el vino que aquí encuentro.

Nos fuimos a probarlo a La Rioja, una zona com denominación de origen, cuna de 400 bodegas y donde se producen más de 250 millones de litros al año.

Empezamos en Haro, la primera ciudad de España en tener luz eléctrica y la primera ciudad no capital de provincia en tener una sede del Banco de España. La explicación reside en el Barrio de la Estación. El vino estuvo desde siempre presente en la región de La Rioja pero no fue hasta la segunda mitad del siglo XIX cuando los viñedos franceses han sufrido plagas – primero el mildeu y luego la famosa filoxera – y los frances han mandado compradores a varias regiones de España, y lógicamente, por cercanía, a La Rioja. Por este motivo, se inauguró la estación de ferrocarril que puso en comunicación Haro con el puerto bilbaíno. Así se desarrolló el Barrio de la Estación donde se fundan bodegas, muchas de ellas míticas como CVNE o Muga. Todas ellas disponen de posibilidad de visita, de realización catas, de comida, de visita a los viñedos e incluso de visita en globo a los mismos. Conviene reservar, eso sí.  

IMG_0058  IMG_0084

En CVNE hemos incluso bajado al «cementerio», donde almacenan, en sótanos de moho de penicilina, ejemplares de cada cosecha desde tiempos inmemoriales. La mayoría no es apta para ser degustada pero es un lujo para enólogos ya que permite un estudio profundizado de la evolución de los viñedos. De hecho, en La Rioja hay viñedos prefiloxéricos, es decir, viñedos que han sobrevivido a este peste. Obviamente, el vino – y su precio – es diferente.   

Después de una mañana «bodeguera», se puede IMG_0088subir  a Haro, y comer en Terete, restaurante fundado en 1877, y especializado en cordero lechal en horno de leña, menestra de verduras y, como no, vino.

Por la tarde, uno se puede acercar a Bríones al Museo de la cultura del vino.

La noche la pasamos en el cercano pueblo de San Vicente de Sonsierra, en el excepcional Hotel Villa Sonsierra.  En el centro del pueblo, excelente relación calidad-precio, habitaciones confortable y decoración dedicada al mundo del vino, servicio personalizado y un desayuno riquísimo. Otra opción es la Casona del Boticario.

Estando el Pueblo se aconseja el aperitivo en el Winebar Tercera Estación y cena en el maravilloso restaurante Casa Toni.

IMG_0108 IMG_0101
 

Después de visita obligatoria a bodegas de la vieja guardia, es interesante visitar una mas junior. Al día siguiente nos diríamos a al bonito y amurallado pueblo de La Guardia, en La Rioja Alavesa, donde se ubican la Bodega Ysios creada en 2001 y perteneciente al grupo Pernaud Ricard y la única bodega del mundo construida por Santiago Calatrava.

    

   
Para comer, se puede quedar en La Guardia para dar un paseo y visitar una de las innumerables bodegas que hay soterradas en el subsuelo del pueblo. Cada casa poder una bodega por debajo aunque no tiene porque ser necesariamente proporcional al tamaño de la casa. Se desconoce el origen exacto de estos «calados» pero una versión dice que estas cuevas remontan al siglo XVI y otra que estas galerías clandestinas fueran creadas mucho antes por motivos defensivos. 

Si se quiere quedar en La Guardia se puede ir de tapeo por el pueblo o comer en  Amelibia. O coger el coche y en 15-30 minutos y te plantas en dos restaurantes muy apetecible se: el restaurante Alameda en Fuenmayor o en la Finca de los Arandinos en Entrena – el primer proyecto de turismo enológico de  La Rioja que integra hotel, bodega, restaurante y spa – y pruebas el restaurante Tierra, decorado por David Delfín. Ambos prometen, dicen los que saben. Nosotros nos quedamos a descansar en Villabuena de Alava en el Hotel Viura. Un boutique hotel diseñado por Designhouses en el 2010, ecofriendly, con tratamientos Wellness y actividades varias, un buen restaurante y vinoteca. Un reducto de paz. Un hotel para descansar y para disfrutar desde luego.    

    
 La Rioja apetece. Y apetecía quedar mas y probar más bodegas pero todo lo que es bueno acaba así que en último día tocó acercarse a otro referente arquitectónico de La Rioja, a las bodegas Marqués de Riscal en El Ciego. Pero la verdad es y que quien se acerque a estas bodegas para ver el edificio construido por Frank Gehry no lo verá ya que ese es el hotel y no el edificio de las bodegas. Quien quiera ver el archiconocido edificio deberá pedir una reserva para visitar el día de Caudalie o uno de los dos resultarles que hay dentro, el restaurante Marqués de Riscal o el Bistró 1860. O, obviamente, quedarse alojado en el hotel.    

 Podríamos haber optado por la alternativa gastronómica pero decidimos bajar a Ezcaray, pasando por Cenicero (tierra del Marqués de Cáceres), Uruñuela y San Domingo dela Calzada. Sí, bajas a La Rioja Baja en un recorrido entre viñedos – y luego entre montañas – de 50 minutos, pero ahí te encuentras con la grata sorpresa del acojedor pueblo de Ezcaray y el hotel gastrónomico El Portal de Echaurren, de la mano del chef Francis Paniego, el primer restaurante de La Rioja en lograr una estrella Michellin y ya con la segunda al pecho. Su cocina respeta los platos tradicionales de ls región y los ingredientes locales pero los reinventa, aplicándoles nuevas y sorprendentes texturas y todo un nuevo «Pantone» de sabores. El espacio gastrónomico es minimal, casi de una austeridad nórdica, y el servicio excelente.   

Cuando olía este mismo olor en la finca de mi abuelo no se hablaba todavía de «enoturismo». No conocía tampoco el sabor de este néctar. Pero el olor, en ese entonces, era el mismo. Cierro los ojos y, mientras vuelvo a Madrid, huelo a mi infancia.

Deja un comentario