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Costa Vicentina: al oeste de Al Gharb (el lejano oeste)

Parque natural. Sí, porque hay mucha naturaleza, pero, a mi entender, debería de ser parque natural porque todo fluye de manera natural. De manera fuerte, salvaje, genuina. La Costa Vicentina, que se extiende de Odeceixe a Burgau, está integrada en el Parque Natural del Suroeste Alentejano y Costa Vicentina. La Costa Vicentina es la parte que corresponde al Algarve, sucesión de pueblos con encanto parados en el tiempo, paisajes poéticos y agrestes, sucesión de playas únicas de difícil acceso y propicias para el surf que traen a este rincón de Europa a gente variopinta que busca las olas, la tradición, la buena gastronomía, la dulzura de la sencillez, la tranquilidad y la sensación de libertad y el ritmo relajado llevado a la enésima potencia, o todo junto.

Uno se puede perder en esta zona de ensueño durante el tiempo que quiera pero si se planea una escapada de un par de días aquí os dejo mis #joTips para disfrutar a tope de la zona.

Yo empezaría por Aljezur, un pueblo al norte de dicha costa, interior, pero a 10 minutos del mar. Es un pueblo sencillo, con un castillo y poco más que ver, pero es céntrico para ir a explorar las playas cercanas.  Exactamente por su ubicación y porque los forasteros lo usan con esta finalidad, el pueblo se vacía de día y se vuelve a animar al final de la tarde. 

Para cenar el Gulli Bistrot es una buena opción. Está a la entrada sur del pueblo, en el sitio de Santa Susana. En este bistrot de desenfadada decoración de look marítimo se puede degustar tanto deliciosos platos italianos como platos lusitanos gourmet como el 1000 hojas de bacalao.  

 Para copa, en el centro del pueblo, el bar Pont’apé (que también tiene restaurante). Está al lado del río, y es una buena opción para bailar, con un ambiente alternativo, buena música y buenos cocktails.  Para dormir el Amazigh, un Hostel de diseño en el centro del pueblo, que encima ofrece packs de actividades para disfrutar de la zona como clases de surf (el Hostel fue creado en el 2009 por dos amigos que les encantaba el surf).

De aquí se puede ir a conocer tanto las playas hacia norte, Praia de Monte Clérigo y Praia da Amoreira, como las que están en frente como la mítica Arrifana, con su forma de concha y sus singulares acantilados.

 En la playa por excelencia del surf y del buen rollismo por excelencia, se puede picar sano en el HelloSailor o, más abajo, cerca de la playa, «petiscos» -tapas- en el Restaurante da Praia con sus vistas espectaculares sobre la playa de Arrifana.

Más abajo se reconvenida acercarse a la playa de Bordeira-Carrapateira y su interminable arenal.

 Para comer sano y orgánico recomiendo L-Colesterol que también es Bed&Breakfast.

 Seguimos bajando y es visita obligatoria el proyecto de la Aldeia de Pedralva. Llegó a tener 100 habitantes y en 2006, cuando los promotores del proyecto han puesto manos a la obra para darle vida, después de un proceso de años de desertificación, el pueblo tenía apenas 9 habitantes y 50 casas en estado de abandono. El mentor del proyecto dejo el mundo de la publicidad, se mudó de Lisboa a Pedralva, anduvo buscando por el mundo a los propietarios/herederos de las casas y fue reconstruyendo paulatinamente el pueblo. Ahora es un pueblo entero reconstruido fiel a la arquitectura local, dedicado al ecoturismo. Alojamiento chic y rústico a la par, rodeado de tranquilidad, donde se encuentra plan de mar y sierra dependiendo de lo que se busque.

   Ahí se puede comer en la pizzería Pizza Pazza (que abrió incluso antes del proyecto de reconstrucción del pueblo) o en el restaurante típico Sitio da Pedralva que sirve platos regionales. 

Para probar manjares locales, era visita obligatoria el Café Correia en Vila do Bispo, toda una institución que no quiero que caiga en el olvido, un poco antes de Sagres, que infelizmente cerró puertas en verano de 2019 por jubilacion después de medio siglo en activo. Pasaba incluso desapercibido desde fuera ya que aparentaba ser una tasca modesta, decoración de los sesenta. Calderetas y percebes, excelente calidad y tirado de precio.

 Regentado por padre -en cocina- y madre e hijo en sala, se trataba de una tasca de pueblo sin pretensiones, igual a tantas otras, pero la comida… Ai la comida…os hacía parar en el tiempo e incluso olvidar el ritmo pausado del servicio. Aquí queda mi homenaje, con nostalgia. Como buenas alternativas, tenéis, también el Vila do Bispo, la Tasca do Careca o el Solar del Percebe.

Y llegamos a Sagres, el punto más occidental del Al Gharb. 


El design hotel Memmo Baleeira es una de las mejores opciones relación calidad-precio.  

 Para comer en el pueblo, sugiero el  Restaurante Carlos, cocina portuguesa y decoración cuidada.

 En la conocida como «calle de los bares» encontraréis el archiconocido bar Dromedario, uno de los más antiguos, Pau de Pita y Mum’s.  Cerca de Sagres podéis visitar dos playas en el sur de la Costa Vicentina: la Playa de Martinhal con su bahía, y la Playa de Zavial, en la desembocadura de un río, extenso arenal y preciosa para tomar algo al final del día.

Subiendo por la costa y pasando por Aljezur, seguimos camino para Odeceixe, el último pueblo antes de entrar en Alentejo. De hecho, es precioso el encuadramento de su playa es justo la desembocadura del río Seixe, al sur Odeceixe (Algarve) y al otro lado ya Alentejo.

La desembocadura del río es usada como playa fluvial para nños y kayaks por sus aguas tranquilas y bajas. En la playa, «surf rules». Muchos chiringuitos, entre los cuales el precioso Bar da Praia

Si os quedáis a dormir ahí en la zona, en las Casas do Moinho por ejemplo, podéis cenar en Altinho o en el interesante proyecto del chef Hugo Nascimento, Naperon.

Y si queréis quedaros más tiempo y explorar más… you can go/With the flow…y pasaros el río y subir a explorar a Alentejo.

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