Pero ojo: no «a tu» domicilio, sino «en su» domicilio», en el domicilio de Micue. Con la calidad y cuidado que en un restaurante, con la privacidad y descontracción de tu hogar.
Cocina con santo y seña»: así define Micue su casa situada en el Madrid de los Austrias. Para encontrar y acceder a su casa hay que buscar el signo, el «santo y seña», que nos indica él cuando llegue el momento. Por delante de dicha casa pasan a diario ejércitos de turistas munidos de guías y cámaras de fotos, nos dice. Y, al llegar, uno se da cuenta del porqué: la casa es una de las pocas «casas a la malicia» o «casas con trampa» que todavía se conservan en Madrid. Estas residencias son fruto de un delito inmobiliario provocado por la «Ley del Aposento» la cual obligaba a todo el vecino de Madrid a ceder mitad de la superficie útil de su casa a funcionarios de la Corte Real. Cuando en el siglo XVI Felipe II da esta ordenanza la gente empieza a hacer verdaderos «malabares arquitectónicos» creando plantas y espacios que no se percibían desde fuera. Es una de las pocas de estas laberínticas casas en Madrid.
Gastrohome Micue está en una de ellas. Y en ella Micue hace «malabares gastronómicos», cocina de mercado – literalmente, ya que va a pillar los ingredientes al Mercado de la Cebada. La ubicación es sorpresa para el comensal al igual que el menu (4 platos y bebida por menos de 40 euros). No defrauda, ni tampoco el anfitrión, Micue. Chef (pasó por las cocinas de Arzak, del Hotel Santo Mauro, de la Embajada española en Madrid y su propio restaurante), músico (toca en contrabajo y la guitarra), hombre ecléctico allá donde los haya.
Acabamos la noche tomando copas en el salón, contándonos historias, entrelazando risas y sonrisas.
Con Micue. Con amigos. Sin Malicia.
