Un «raw bar » es un restaurante o espacio en un bar dentro de un restaurante donde se sirve solamente crudo. No se trata de un «crudivegano» donde apenas se sirven platos a base de verduras crudas o que no han sido calentadas por encima de 46.7 °C -cocinar a más temperatura destruye las enzimas o los nutrientes- y que tuve ocasión de probar uno sin pena ni gloria en mi paladar pero inolvidable en mi memoria ya que los comensales todavía recordamos la insípida experiencia. Claro que la excepción no hace la regla y con esto no quiero hacer una caricatura de la restauración crudivegana: hablo apenas de mi experiencia.
Volvamos al tema que nos atañe. En este concepto se trata de platos crudos pero a base de materia prima marina. Pescado, marisco, algas y derivados. 100% mar.
El día de San Valentín fuimos a probar el restaurante Raw Bar en Plaza de Oriente y esta sí fue una experiencia memorable. No por ser día de San Valentín sino porque el restaurante ofrecía un menú cerrado que nos ha hecho salivar durante la hora que duró la comida y no por el exceso de sal marino. Os lo dedico en un poema de verso libre:
Ceviche de ostra.
Ensalada de frutos rojos y tiradito de salmonete de roca.
Carpaccio de gamba roja del Mediterráneo.
Tataki de atún rojo con soja y yuzu.
Brownie de castañas: aunque de tierra he hecho llorar a más de un paladar.
El espacio abrió puertas este año de la mano del grupo Lezama, prioritario del vecino Café de Oriente, que decidió abrir a la derecha de la Ópera un espacio dividido en 3 ambientes con diferentes conceptos: La Lonja, enfocado en cocinada tradicional de mar elaborada con productos ecológicos; la Mar del Alabardero, con un abordaje más informal y orientada a los arroces y por fin el Raw Bar, un espacio casual donde los chefs preparan las viandas, como peces en el agua, delante del comensal y con un trato muy considerado. La decoración es marina, los platos bocados de mar, y la sensación costera, como si uno navegase hasta bien puerto para saborear delicias del reino de Neptuno.




